Si solo vas a leer un libro sobre tecnología

Ben Tarnoff publica también en español Internet para la gente (Debate): una mirada histórica a Internet desde el punto de vista de los medios de producción y una herramienta crítica para entender 2025

Pido perdón por el entusiasmo, pero éste fue el mejor ensayo que leí en 2024, y eso que leí unos cuantos muy recomendables. El statement es radical: si solo puedes o quieres leer un libro sobre tecnología, que sea éste de Ben Tarnoff. La ocasión no puede ser mejor, Debate acaba de publicar en español Internet for the people, que salió en Verso en el año 2022. Tuve el placer, (porque es un señor encantador), de hablar con él para El País. Si eres docente en una facultad de comunicación, esto es carne de lectura y reflexión colectiva. Si eres comunicadora, deberían ser deberes. O si simplemente te conectas a internet de la manera que sea con bastante asiduidad, dotar de contexto la información que recibes y cultivar una capacidad de análisis es tan imprescindible como llevar al día tus citas médicas. Sea el caso que sea, esta lectura es una herramienta que aporta solidez al análisis, a nuestra capacidad de filtrado y comprensión crítica de todos los demás discursos que escuchamos y leemos a todas horas, en todas partes, sobre comunicación digital. Que son, por cierto, constantes.

Porque abunda la protesta de internet a la pata coja, débil en contexto y base, guiada por intuiciones que percibimos a flor de piel, pero que cuando intentamos seguir, tirando del hilo, despistamos el cauce. Abundan las cartas a la directora a este propósito. Florecen vídeos sobre la desafección con las redes en esas mismas redes mainstream que se critican. O se arremolinan columnas de opinión que bordean un malestar sin nombrar el origen del mismo. También tratan el tema en las tertulias de la radio, y en las que se dan a pie de calle o a la hora del almuerzo. Conversaciones y debates en torno a legislación de derechos de autor, protección infantil, adicciones de consumo, y un largo etcétera en el que nos faltan los pilares, las piedras angulares, para saber de qué estamos hablando realmente. No conocemos la infraestructura de nuestra vida digital que permite y genera todo aquello sobre lo que tan apasionadamente discutimos. Y no, no es tan complejo como nos han hecho pensar. No es magia oscurantista. No es ningún delirio reservado a las mejores mentes ingenieras de tu generación, o mejor aún, de la siguiente, porque tú ya eres muy vieja para comprenderlo. A veces, para entender algo solo hace falta que te lo expliquen bien. Que te lo quieran explicar de verdad. Por ejemplo, en un libro.

Libro Internet for the people, de Ben Tarnoff, sobre una mesa de madera, con numerosos marcapáginas de varios colores

Por eso creo que Internet para la gente es una lectura imprescindible. Tal vez sea importante para las big tech que nos percibamos como usuarios expertos de la tecnología que ponen a nuestra disposición. Que desarrollemos una expertise a la hora de utilizar herramientas de la llamada IA con destreza, que desgranamos los ritmos de publicación correctos para estar muy presentes y muy visibles en los timelines de nuestros seguidores, que tengamos las nociones de redacción necesarias para que los bots arácnidos puedan leer con mayor placer que nuestros lectores los textos que vomitamos en medios indexados a Google, que conozcamos las trends antes de que se hagan virales aunque viral, a estas alturas, ya no signifique nada. Nada de esto es saber ni conocer la tecnología digital. Lo siento por la crudeza, pero no lo es.

Aprender de memoria el manual de instrucciones de montaje del mueble no te hace carpintero, tal vez sí en un cliente leal de Ikea. Todo lo anterior nos convierte, eso sí, en aventajados actantes de un juego cuyas normas cuestionamos poco. Tal vez, nos posicionemos como los mejores accionando botoncitos que abren pasillos del laberinto, generando una energía lucrativa para otros.  Por suerte, parte de esto empieza a cambiar. Salimos de la ignorancia, gracias en parte a la ruidosa compra y gestión de Twitter por parte de Musk. Ya no es tan marciana la idea de que de nuestra inmensa deuda de actividad en redes se benefician otros. 

Captura de los sims 4. Un sim de tez morena y pelo negro que viste camiseta negra utiliza un ordenador en un salón cuyas paredes están forradas de liberías oscuras

Internet para la gente es una buena base mínima, necesaria, de conocimiento sobre la historia de la tecnología de internet y la posesión de sus medios. Es una mirada crítica a todo lo que está ocurriendo en el plano de la comunicación digital.  No son muchas las cosas que me exasperan, lo prometo. Por suerte para mí y para los que me rodean, acumulo pocas tirrias. Pero una de ellas es que “experto/a en tecnología/comunicación digital” se haya convertido, en nuestros días, en una etiqueta tan autoadhesiva. No ocurre con otras materias, pero cualquiera que sepa algo de lo que se llama social media optimization, o que quiera hacerse creer que entiende de marketing digital, prescribe y pronostica tendencias y fenómenos con mucha pose y muy poca reflexión.

Ben Tarnoff comienza hablando de las tuberías de Internet. La red de cables que conecta el mundo para que la información viaje de un dispositivo a otro. Para ello, comparte la historia y los orígenes de esta tecnología, que comenzó como un proyecto para fines militares desarrollado por el gobierno de Estados Unidos. Para que la primera comunicación inalámbrica entre ordenadores fuera posible, se necesitaron años de ensayo-error e intentos infructuosos. Millones de dinero público invertidos en algo cuyos resultados no estaban garantizados. A fondo perdido, podría haber sido un experimento fracasado. Una costosísima tecnología que se malvendió a actores privados que aún hoy continúan extrayendo altos beneficios de esta infraestructura, que se impone como necesaria para el desarrollo social sano de los individuos.

captura de los sims 4. Dos sims, uno rubio con rastas y uno pelirrojo, hablan sentados a la encimera de una cocina mientras uno de ellos navega en un portátil

De la metáfora de las tuberías, Tarnoff pasa a la del centro comercial online, que es lo que ocurre en la superficie. El internet visible, el que usamos a diario. Aquel que nos convierte en usuarios y, en gran medida, en clientes. La mayor crítica en este nivel es la falta de transparencia en la manera en la que las big tech desarrollan su negocio. Como la gran burbuja del data, que está perfectamente explicada en el libro, o la manera en la que Amazon obtiene sus mayores beneficios a través de Amazon Web Services, escribiendo las normas y los límites de la mayoría de lo que se gestiona en internet. La mayor falta de transparencia reside en la mentira de que Internet no podría nunca ser de otra manera, que no hay alternativa ni posibilidad de imaginar algo distinto. Estamos tan ocupados optimizando nuestro contenido, mejorando nuestro posicionamiento, convirtiéndonos en una versión digerible para el algoritmo de nosotras mismas, que no tenemos idea de por dónde comenzar a proponer unas normas distintas del juego. Es más, se nos olvida que tenemos derecho a hacerlo.

La tercera y última metáfora es la del bosque. Esta idea no solo aparece en Tarnoff. Se intuye en el trabajo de Jenny Odell, y ha sido explicitada en otros trabajos como el de Clara Timonel o en este artículo de imprescindible lectura publicado en Noema Magazine. La propuesta es repensar internet, nuestra relación con el medio digital desde el mero y primario momento del acceso. Tal vez, Internet deba ser un derecho garantizado por el Estado. Tal vez, haya que replantear desde la raíz los límites de acción de las entidades con ánimo de lucro sobre algo que afecta a la vida. Tal vez, sea hora de reclamar un sentido de ciudadanía aplicado a Internet. Crear un nuevo Internet, que sustituya o simplemente complemente al actual.

captura de los sims 4. En un estudio con muebles rosa, una sim niña y una adultaa estudian en sus mesas.

Puede que nosotras no hayamos pensado en ello todavía, pero mucha otra gente sí lo ha hecho. En el libro se citan numerosos ejemplos de redes cooperativas o públicas de fibra, como Güifi.net en Cataluña. Y también experimentos en el ámbito de la superficie que desplazan al centro comercial, como el Fediverso, la alternativa de código abierto sin ánimo de lucro que conecta distintas redes sociales como Mastodon, PeerTube o Pixelfed. También es una invitación a pensar en otros modelos de internet en los que tenemos un papel más activo en la toma de decisiones, más democrático, algo que experimentamos quienes estamos en el Fediverso.

Una referencia para aquellos que experimentamos el internet de los 2000, aunque fuera en la infancia, es el nivel de artesanía digital que adquirimos de una manera intuitiva y natural. Somos toda una generación de niños que recordamos un tiempo en el que aprendíamos lenguaje html para personalizar webs, que practicábamos con el pixel art de la manera más libre y creativa posible, que hacíamos pequeños gifs, explorábamos los límites de los softwares y de los videojuegos a los que teníamos acceso. Esa iniciativa creativa y esa actitud activa respecto a la tecnología se ha ido diluyendo, para ajustarnos a utilizar las aplicaciones de la manera en la que nos recomiendan los dueños de las mismas que lo hagamos. Sobre un internet que se pareciera más a un jardín, a un pueblo, a un tapiz, que a una máquina expendedora escribí hace algunos años en mi tiny.

Si has llegado hasta el final de este texto, gracias y tal vez lo siento. Has dado con uno de los temas que más me apasionan, que más me enfurecen, que más me ilusionan. Este es mi llamamiento más conmovido para pedirte que hoy sea el día en que comiences a pensar que otro internet es posible. Cuéntame, cómo te gustaría que fuera, cómo puedes hacerlo posible.

captura de sims 4. Una sim con cazadora vaquera, falda plisada larga, converse y hijab llama a la puerta de una vecina con un café para llevar en la manoo